UJUÉ-UXUE

Romerías a Ujué

 

Según la tradición, las romerías a Ujué nacieron en el año 1043 con la peregrinación de los vecinos de Tafalla a esta localidad para agradecer a la Virgen su victoria en la batalla contra el rey de Aragón.

A largo de la historia Ujué se ha convertido en lugar de peregrinaje para rendir culto a la Virgen, recreando sus calles y edificios una aureola mezcla de religiosidad y misticismo histórico que tiene su momento cumbre todos los años, el domingo siguiente a San Marcos (25 de abril).

Ese día que coincide entre finales de abril y principios de mayo, los pueblos de la Merindad realizan el camino a pie hasta Ujué. Los Romeros, ataviados con túnicas y portando cruces a modo de penitencia, parten de madrugada desde sus respectivas localidades y en comitiva se dirigen en un flujo de caminantes que convergen al amanecer para congregarse ante la Cruz del Saludo, de estilo gótico del siglo XIV, teniendo ya a la vista el Santuario, punto final de destino.

El protocolo de la ceremonia dicta que los alcaldes de Tafalla y Ujué intercambien sus varas de mando, así como los párrocos respectivos hagan lo mismo con sus capas. Una vez que los romeros han cantado la Salve, se dirigen todos juntos en procesión hasta la Iglesia donde se rinde homenaje a la Virgen.

La fiesta religiosa da paso a una jornada de convivencia en cuadrillas que disfrutan de productos propios de la gastronomía local: sabrosas migas del pastor, elaboradas con pan hecho en horno de leña, garrapiñadas de Ujué, rosquillas de sartén… Esos mismos productos, acompañados por un excelente vino que se elabora en la cooperativa local, son el centro del Día de las Migas que todos los años se celebra en el mes de septiembre y en el que se dan a degustar a los numerosos visitantes que acuden a la localidad.

 

LEYENDA DE LA VIRGEN DE UJUÉ

La leyenda arraigada en la tradición local, atribuye el origen de Ujué al milagro vivido por un pastor que se hallaba cuidando su rebaño, cuando fue atraído por el vuelo de una paloma que repetidamente entraba y salía de un agujero, incitando al pastor a mirar en el, así pues el pastor trepó hasta el lugar y descubrió allí una imagen de Santa María. Atraídas por el hallazgo las gentes de los poblados vecinos decidieron asentarse en el lugar de la aparición para así cuidar y honrar a la virgen, dando lugar al nacimiento de Ujué.

La imagen de la Virgen de Ujué es una talla única elaborada en madera hacia 1190. Obra cumbre de la imaginería del románico en Navarra, Carlos II el Malo, de la Casa de Evreux, mandó forrarla en plata en el siglo XIV, como muestra de su especial predilección tanto por la Villa como por la adoración de la Virgen de Ujué. En su testamento dejó escrito el deseo de que su corazón reposara junto a la imagen, como así se puede comprobar por el arca que lo contiene, a los pies de Nuestra Señora de Ujué.

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